Concerts, Curiosities and Organizational Structures

Concierto de jazz por la noche. En un garito. Con todo el encanto de los garitos. Jazz intimista y académico. Trío de contrabajo, guitarra eléctrica y saxo barítono. Seguidos con atención y silencio. Mucho entendido y algunos amateurs. Al calor de la cerveza surge una conversación sobre organizaciones. Gajes de encontrarte con colegas de departamento de la universidad. Un claro ejemplo de una estructura plana con liderazgo distribuido. Se mantiene una base melódica sobre la que se construye. Se añaden acordes y variaciones. En este concierto específico eran medidas. En otros se prima la creatividad. Ningún instrumento es más que otro. Unas veces lidera uno y otras otro. Y si no lo haces, trabajas el acompañamiento. Coordinación máxima, viaje conjunto. Lo importante es la obra.

En los conciertos sinfónicos hay un director de orquesta. Solo uno. Todos los instrumentos van al compás que impone. No hay lugar a la improvisación. La batuta transmite órdenes. Y se cumplen. Fielmente. De lo que me enteré es de que hasta que se formalizó la música con el pentagrama, la clásica era también improvisada. Y también que los contrabajistas tiene a Bach como un referente. Los dos tipos de música suenan bien. Si se intentase exportar el modelo de uno al otro no funcionaría. La orquesta se volvería ingobernable. El trío, un plomazo. No es ninguna mejor que la otra. La solución es situacional y basada en el objetivo. Como cada día. Como en cada caso. En nuestra vida hay veces que necesitamos orquesta y coro y otra a Les Luthiers. Lo importante es la obra.

2018-12-26T18:22:32+00:00

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